Situación actual de la enfermería en Estados Unidos y las huelgas en Nueva York

Las recientes huelgas de miles de enfermeras en hospitales de Nueva York se inscriben en una crisis estructural de la profesión en todo Estados Unidos: plantillas crónicamente insuficientes, sobrecarga, burnout, estancamiento salarial relativo y un fuerte proceso de sindicalización.

Dimensión y perfil de la fuerza laboral de enfermería

En Estados Unidos hay más de 4,2 millones de licencias activas de enfermeras registradas (RNs) y casi 1 millón de enfermeras prácticas/licenciadas (LPN/LVN). La edad mediana supera los 50 años, y más de una quinta parte planea retirarse en los próximos cinco años, lo que anticipa un relevo generacional tenso. A pesar de una fuerza laboral grande, los modelos de proyección prevén déficits significativos de RNs para 2030 en muchas regiones, sobre todo Sur y Oeste, con faltantes proyectados de cientos de miles de puestos.

¿Escasez de enfermeras o crisis de condiciones laborales?

Varios análisis distinguen entre falta absoluta de enfermeras y falta de enfermeras dispuestas a trabajar en las condiciones actuales. Estudios nacionales antes y durante la pandemia muestran tasas de empleo relativamente estables, pero con alta rotación: muchas enfermeras abandonan hospitales concretos en busca de mejores condiciones (viajes, agencias, otros sectores).

Encuestas masivas justo antes de la COVID‑19 en Nueva York e Illinois ya mostraban un panorama crítico: más del 40 % de las enfermeras hospitalarias reportaban burnout, una de cada cuatro estaba insatisfecha con su trabajo y una de cada cinco planeaba abandonar su empleador en un año. El 56 % afirmaba no tener suficiente personal, el 88 % veía su trabajo interrumpido por falta de personal y el 82 % realizaba tareas no propias de enfermería.

En pediatría, un estudio nacional de 6.590 enfermeras tras la pandemia encontró que cerca de un tercio experimenta burnout y fatiga por compasión con frecuencia u diariamente, y casi un tercio contempla dejar la profesión o no sabe si continuará en cinco años. Las principales preocupaciones: ratios de personal inseguros, salarios inferiores a otras especialidades y dudas sobre la preparación de nuevos graduados.

Carga de trabajo, seguridad del paciente y legislación de ratios

La evidencia vincula de forma consistente mayores cargas de pacientes por enfermera con peores resultados: más mortalidad, reingresos, peores experiencias de pacientes y mayor burnout. En hospitales de Nueva York e Illinois, justo antes de la primera ola de COVID‑19, las enfermeras de hospital atendían entre 3,3 y 9,7 pacientes en unidades médico‑quirúrgicas, con el peor promedio en la ciudad de Nueva York. Más de la mitad calificaba la seguridad del paciente como deficiente y no recomendaría su hospital.

Estudios observacionales muestran que un paciente adicional por enfermera aumenta de forma significativa la probabilidad de peores percepciones de calidad y seguridad y de burnout en las propias enfermeras. Un trabajo clásico en Nueva York halló que durante las huelgas de enfermería la mortalidad intrahospitalaria de los pacientes ingresados en días de paro aumentaba cerca del 20 % y los reingresos a 30 días un 6,5 %, a pesar de esfuerzos por mantener la actividad con personal sustituto.

Todo ello ha impulsado movimientos para legislar ratios mínimos enfermera‑paciente. California es el único estado con estándares obligatorios, y datos comparativos sugieren que mejores ratios se asocian con más horas de cuidado por paciente, menos burnout, menor rotación y potencialmente menos mortalidad y reingresos. En Nueva York, Illinois y otros estados se debaten leyes similares, fuertemente apoyadas por sindicatos y resistidas por asociaciones hospitalarias. A nivel federal se ha propuesto un proyecto de ley para ratios mínimos en todos los hospitales estadounidenses.

Huelgas, sindicalización y formas de protesta

Los paros en grandes hospitales de Nueva York se insertan en un aumento reciente de acciones laborales en salud. Las huelgas de enfermería han crecido en frecuencia y muchas se centran en tres demandas: mejores ratios de personal, mejoras salariales y mayor seguridad para pacientes y profesionales.

Estudios sobre huelgas de enfermeras en Nueva York (1984‑2004) documentan que los paros, incluso cuando están planificados y se moviliza personal suplente, reducen la calidad asistencial y elevan la mortalidad, lo que refuerza el argumento sindical de que las condiciones habituales ya se sitúan en el límite de la seguridad. Análisis más recientes describen que, durante huelgas, los hospitales se ven obligados a desviar pacientes, contratar enfermeras viajeras muy costosas y reorganizar flujos, con descensos del volumen de urgencias y cambios en tiempos de espera y estancia, aunque no siempre en mortalidad a corto plazo.

En respuesta a críticas públicas sobre “abandono de pacientes”, algunos sindicatos han desarrollado huelgas de duración fija (uno o pocos días), que logran presionar económicamente y mediáticamente al empleador, protegen en parte los ingresos de las enfermeras y son más compatibles con su autoimagen de defensoras del paciente. Estas estrategias han contribuido a victorias contractuales y a mayor participación de la base en la vida sindical.

La sindicalización en hospitales ha aumentado hasta abarcar a más del 15 % de la plantilla hospitalaria, convirtiendo al sector en uno de los principales espacios de trabajo sindical del país. Más de un millón de trabajadores hospitalarios forman parte de sindicatos, y las enfermeras han sido actor central en huelgas coordinadas en varios estados.

Burnout, angustia moral y bienestar profesional

Detrás de las huelgas hay una crisis de bienestar profesional. El burnout y la angustia moral (sentir que no se puede dar el cuidado que se considera éticamente correcto) se asocian a mayor intención de abandonar, peor calidad de atención y conflictos con instituciones.

Durante la pandemia de COVID‑19 enfermeras de múltiples regiones estadounidenses describieron cambios caóticos en el entorno laboral, miedo, frustración y “lesión moral” derivada de trabajar con recursos insuficientes y decisiones de racionamiento de cuidados. Estudios en cuidados críticos pediátricos muestran que “plantillas inseguras” generan niveles de angustia moral comparables a los de mantener tratamientos considerados fútiles, lo que pone de relieve el peso ético de la sobrecarga.

Ante estas evidencias, la American Academy of Nursing ha formulado recomendaciones de cambio sistémico: políticas de seguridad en el trabajo, mejora de la movilidad profesional, reducción de inequidades y reforma de los entornos organizacionales que hoy limitan el bienestar de las enfermeras.

Retos estructurales de medio y largo plazo

A los conflictos inmediatos (ratios, salarios, seguridad) se suman cuatro desafíos estructurales identificados para la fuerza laboral de enfermería en Estados Unidos:

  • Envejecimiento demográfico de pacientes (baby boomers) que incrementa la demanda de cuidados.
  • Jubilación acelerada de enfermeras experimentadas en las próximas dos décadas, con riesgo de pérdida de capital humano.
  • Escasez y mala distribución de médicos, que aumenta la responsabilidad y autonomía esperadas de las enfermeras.
  • Incertidumbre regulatoria y de reforma sanitaria, que dificulta planificar inversión y plantillas.

Pronósticos recientes proyectan, pese a mejoras parciales, déficits de cientos de miles de RNs a 2030 si no se mantiene y expande la formación, y si no se mejoran las condiciones que permitan retener a quienes ya están en el sistema.

Conclusión

Las huelgas masivas de enfermeras en hospitales de Nueva York son la expresión visible de una situación nacional caracterizada por plantillas insuficientes, altos niveles de burnout y angustia moral, fuerte desconfianza hacia la gestión hospitalaria y creciente militancia sindical. La investigación muestra que las condiciones actuales no solo dañan a las enfermeras, sino que comprometen la seguridad del paciente. Al mismo tiempo, las proyecciones demográficas y de jubilación anuncian que, si no se producen reformas profundas en ratios, modelos de gestión y bienestar profesional, la crisis de enfermería en Estados Unidos se intensificará en la próxima década.

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